miércoles, 10 de septiembre de 2014

El guardián del monstruo

©EFE

No tengo un espacial cariño por los banqueros, pero tampoco una especial inquina. Creo, simplemente, que son comerciantes de grandes cantidades de nada, porque el dinero a final de cuentas es nada, una mera convención. Son diseñadores de contabilidad, taumaturgos de las cifras. Los hay con talento. Los hay creativos. Los hay rigurosos.
Para ser banquero, además de unas condiciones personales específicas (conocimiento de la economía, de la sociedad, de las leyes...) se precisa ser millonario. Los pobres no pueden ser banqueros por mucho que estudien. Esa es la regla. Sólo hay excepciones.
Como creo firmemente en aquella frase de Balzac ("detrás de cada gran fortuna siempre hay un gran crimen") que con tanto tino citaba Mario Puzo en El Padrino, suelo ser una persona un tanto escéptica ante los oropeles de la riqueza. Pero mis prejuicios duran poco. Nadie tiene la culpa de los crímenes de sus padres.
La muerte de Emilio Botín no me ha causado una gran conmoción ni tampoco una alegría. Si hubo un gran crimen que generó su fortuna, fue hace muchos años. Él sólo ha sido el beneficiario de ella. La reacción infantil de algunos políticos españoles riéndose de su óbito la achaco más a un estado de la cuestión, que a una cuestión de estado. A día de hoy los banqueros son odiados porque muchos los consideran los responsables y beneficiarios últimos de la crisis. 
Disiento. No creo que los banqueros sean los culpables de los desahucios. Ellos sólo hacen lo que la ley les permite. El problema es la ley y quienes la han permitido. Durante décadas. Si tenemos una legislación hipotecaria indecente, hay unos culpables claros, los que legislaron, los que fueron sobornados y los que votando o sin votar permitieron (permitimos) que gobernasen los corruptos.
Conforme me voy haciendo mayor mi admiración hacia John Steinbeck crece. A él debemos la mejor cita que he leído sobre los bancos. Está incluida en Las uvas de la ira, su obra maestra, una pieza clave de la literatura del siglo XX.
[...]
Un banco o una compañía (...) no respiran aire, no comen carne. Respiran beneficios, se alimentan de los intereses del dinero. Si no tienen esto mueren, igual que tú mueres sin aire, sin carne. Es triste, pero es así. Sencillamente es así.

[...]
El banco, el monstruo, necesita obtener beneficios continuamente. No puede esperar, morirá. No, la renta debe pagarse. El monstruo muere cuando deja de crecer. No puede dejar de crecer.
Y añade:
[...] No somos nosotros, es el banco. Un banco no es como un hombre, el propietario de cincuenta mil acres tampoco es como un hombre: es el monstruo.
[...]
El banco no es como un hombre.
Sí, pero el banco no está hecho más que de hombres.
No, estás equivocado, estás muy equivocado. El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar.
Emilio Botín ha muerto y la prensa internacional habla de él como el creador de un imperio, un emperador. Realmente era un guardián de un monstruo. Lo cuidó bien y le dio de comer y estaba convencido de que el monstruo era necesario para la sociedad. Le hizo crecer, aunque para ello pisara cabezas de familias enteras, empresas, porque el monstruo daba de comer a otras muchas familias enteras, empresas.
Cualquier valoración a su persona que se haga tenderá a ser errónea porque no puede juzgarse a alguien así sin tener en cuenta esa circunstancia que lo altera todo. El mismo mecenas que rescataba cuadros o apoyaba universidades, ordenaba desahucios porque el monstruo lo necesitaba.
Conozco a una persona que lo trataba y me ha hablado bien de él, como persona, que se implicaba, que llamaba a varias sucursales cada mañana para preguntar por los problemas que tenían. Eso es un hecho. Cuidaba bien al monstruo. Creía en él.
Mucha gente le envidiaba por su poder. Otros le admiraban. Otros muchos lo odiaban. En verdad se ama o se quiere al monstruo. Los mismos que hoy le lloran cambiarán sus afectos e irán detrás del nuevo guardián del monstruo, su hija. Es lo que veneran. Los mismos que hoy se alegran cambiarán sus odios e irán contra el nuevo guardián del monstruo. Es lo que odian.
Y el monstruo sigue vivo. El monstruo nos vencerá a todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario